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Especialistas:                           

 

INFARTO

 

 

Los infartos, causados por la interrupción del riego sanguíneo arterial, se puede producir en distintos órganos, pero entre los que se ven afectados con mayor frecuencia figuran el corazón los pulmones, el bazo, los riñones y los intestinos.

En el caso de un infarto, la oclusión de la arteria que irriga el órgano afectado es ocasionada por un trombo o un émbolo. La diferencia entre éstos consiste en que el trombo es una masa sólida que se forma progresivamente, despositándose en la parte interna de un vaso sanguíneo y reduciendo su diámetro; el émbolo es un elemento sólido, líquido o gaseoso, como, por ejemplo, una porción desprendida de un trombo, un coágulo o aire, que se desplaza por la corriente sanguínea. Así, el primero interrumpirá el flujo arterial debido a su crecimiento, mientras que el segundo lo interrumpirá por incrustarse en un vaso de un diámetro que es inferior al propio.

CAUSAS 

Los factores determinantes de la formación de trombos son la irregularidad de la superficie interna de los vasos, la ralentización del flujo sanguíneo -como se comprueba en las personas varicosas-, las modificaciones que pueden sufrir la coagulación y, sobre todo, la arterosclerosis, un trastorno vascular caracterizado por la acumulación de lípidos -principalmente, colesterol y ácidos grasos- en la pared interna de las arterias, constituyendo las denominadas placas de ateroma, que ocasionan la oclusión y el endurecimiento de las arterias afectadas. El origen de los émbolos se encuentra en afecciones del corazón, las arterias y las venas. Si son sólidos o líquidos, su desprendimiento puede ser ocasionado por un esfuerzo físico; si se trata de aire o gas, se produce en las operaciones quirúrgicas del pulmón, cuello y mediastino; al abrirse una vena, o por un traumatismo del cuello en el que se lesionen las grandes venas. El émbolo gaseoso reviste el peligro de llegar al cerebro, invadiéndolo de forma masiva y produciendo la muerte instantánea.

Entre las causas más corrientes de un infarto cardíaco se encuentran la diabetes, la obesidad, el estrés, el tabaquismo, la hipertensión y, por supuesto los factores hereditarios. Hay también otros factores que pueden desencadenarlo, como el frío intenso, la excesiva actividad física, las hemorragias y las emociones fuertes.

La formación de una embolia pulmonar tiene lugar
cuando los trombos que se han formado en las
venas de las piernas se desprenden y ascienden

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CONSECUENCIAS 

En los casos en que el infarto no ha producido la destrucción de un órgano vital, como el corazón, por ejemplo, en cuyo caso sobrevendrá la muerte, el paciente puede ser sometido a un tratamiento médico prolongado, que incluye la administración de medicamentos y la práctica de ciertos ejercicios especiales, así como el control de la alimentación y la eliminación de hábitos nocivos, como fumar o beber con exceso. 

A pesar de los inconvenientes mencionados, es frecuente que quienes han sufrido un infarto pueden llevar una vida casi normal, dentro de unos parámetros de moderación que serán determinados por el médico a cuyo cargo esté el tratamiento.

El 50% de los fallecimientos por infarto de miocardio se produce en las cuatro horas siguientes al inicio del cuadro clínico, por lo cual es esencial establecer un diagnóstico y un tratamiento precoces.

TRATAMIENTO 

No es infrecuente que algunos infartos se produzcan sin que el afectado sienta otra cosa que un malestar pasajero, por lo que descartará la posible gravedad, e incluso sin que perciba síntoma alguno. En estos casos, el tratamiento será determinado por la condición en que se encuentre el paciente al detectársele con posterioridad el infarto, ya sea porque consulte al médico por otros motivos o por pura casualidad. Cuando el infarto cardíaco, pulmonar o intestinal es de consideración, se producirán dolores agudos, acompañados por lo general de dificultad respiratoria y shock. Lo indicado en estos casos es acudir al médico con urgencia. El tratamiento del infarto intestinal suele desembocar en una intervención quirúrgica en la que se extirpará la porción de intestino necrosado, mientras que el pulmonar se basa en la administración de anticoagulantes, aunque también puede extraerse el émbolo mediante cirugía. El infarto de miocardio, es de mayor incidencia -y en progresivo aumento en los países occidentales debido, en general, a la alimentación inadecuada, a la sobrealimentación, al estrés y al tabaquismo, entre otros factores-, es tratado en las unidades coronarias de los centros hospitalarios, con medicamentos destinados a normalizar el funcionamiento del corazón y a prevenir las posibles complicaciones, reposo absoluto durante los primeros días y una dieta alimentaria exenta de grasas y de colesterol. 

La ingestión de alimentos sin grasas reduce la posibilidad de padecer un infarto.

EL INFARTO DE MIOCARDIO 

Si bien hay infartos de miocardio que pasan inadvertidos por no presentar síntomas, cuando se produce un dolor agudo y constante en el centro del pecho, con irradiación hacia hombros, espalda, cuello y brazos, acompañado con frecuencia de náuseas, sudoración, hipotensión, y una fuerte sensación de fatiga y desasosiego, se debe pensar en la posibilidad de que sea un infarto de miocardio. Ante estos síntomas, que son propios, asimismo, de la angina de pecho, lo mejor es llamar al médico con urgencia, aunque el afectado padezca alguna enfermedad cuyos síntomas se asemejen a este cuadro.

ATENCION INMEDIATA

  • Cuando se produce un infarto es indispensable tomar ciertas medidas, como las siguientes: 
  • Llamar al médico o a una ambulancia, o bien trasladar al paciente al hospital más próximo. 
  • Evitar que el paciente se mueva; debe estar sentado o acostado.
  • Si el paciente tiene dificultad para respirar, se le debe liberar de toda prenda que le oprima la garganta o el pecho, y ponerle de lado con suavidad
  • Si el paciente está inconsciente y no respira, se le debe tomar el pulso; de no encontrarlo, se le hará la respiración boca a boca y se le dará masaje cardíaco hasta que llegue el médico o la ambulancia, o hasta llegar al hospital. 

Aunque hay otras enfermedades que pueden producir cuadros similares al de un infarto de miocardio, como algunas digestivas, biliares y pulmonares o la hernia de hiato, es conveniente que sea el médico quien descarte su existencia. 

INCIDENCIA DEL INFARTO DE MIOCARDIO 

- El modo de vida actual ha llevado a ampliar los límites de edad dentro de los cuales se registraba la población con mayor propensión a sufrir un infarto de miocardio. Así, los parámetros de 50 años, válidos hace unos años, son en la actualidad de 35 años para los hombres y de 45 años para las mujeres. 

- Asimismo, dada la incorporación de la mujer al mundo laboral y a la práctica de ciertos hábitos que en el pasado eran casi exclusivos del hombre, como el de fumar, se ha reducido de forma notable la diferencia que existía entre los dos sexos en cuanto se refiere a la incidencia de infartos de miocardio.


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