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Centro de Enfermedades
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Especialistas:
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La
epilepsia, un trastorno de la actividad bioeléctrica del cerebro, al que en la
antigüedad llegaron a atribuírsele cualidades demoníacas, es hoy controlable
por diversos fármacos y quienes la padecen pueden llevar una vida completamente
normal.
Ya en el siglo V a.J.C., Hipócrates definía la epilepsia como un trastorno
cerebral, pero transcurrieron varios siglos hasta que, en 1930, se estableció
la correlación entre los ataques epilépticos y las descargas excesivas de las
neuronas cerebrales.
Este hecho significó un adelanto determinante en el tratamiento de los síntomas del mal - pérdida súbita de la conciencia y convulsiones -, ya que permitió agilizar la experimentación farmacológica y obtener los distintos medicamentos de que se dispone en la actualidad para evitar los ataques. No ha corrido la misma suerte la investigación destinada a descubrir su causa, que siguen siendo desconocidas en cerca del 80% de los casos. Lo que sí puede determinarse hoy en mayor número de pacientes, en función de los síntomas que registran y del resultado del electroencefalograma que se les practica, es el lugar del cerebro en el que se produce la anomalía. La epilepsia se clasifica, en la actualidad, en dos grandes grupos; la idiopática, de causas desconocidas, y la adquirida de causas identificables. El electroencefalograma, que en algunos casos constituye una prueba de la existencia de un tipo de epilepsia, muchas veces suele ser normal, pese a que los repetidos ataques evidencien la existencia de la enfermedad. Este hecho, que quizá parezca insólito, suele registrarse con bastante frecuencia entre quienes padecen ataques acompañados de convulsiones generalizadas. No obstante, debe tenerse en cuenta que aparecen síntomas similares a los de la epilepsia, con convulsiones incluidas, cuando se registran fiebres muy altas -sobre todo en los niños-, o se producen traumatismos encefálicos como resultado de un accidente, o en estados avanzados de arteriosclerosis, especialmente en los ancianos. La naturaleza y la duración de estos ataques varían según el tipo de epilepsia de que se trate, pero en las personas adultas siempre es conveniente descartar la existencia de otros factores, como un tumor cerebral o arteriosclerosis. Su frecuencia determina la aptitud de quien los padece para llevar una vida normal, aunque debe recalcarse que, gracias a los fármacos actuales, son muy escasas las personas que padecen impedimentos serios para desarrollar las actividades corrientes. GRAND MAL Se denomina grand mal a la epilepsia cuyos ataques se caracterizan por convulsiones generalizadas. Durante los segundos previos al ataque, el paciente puede tener cualquiera -o todos- de los siguientes síntomas: una sensación de extrañeza, la percepción de olores irreales o la sensación del fenómeno de lo ya visto (déjà vu). A este estado premonitorio del ataque, que se conoce con el nombre de aura, le siguen contracciones musculares y la pérdida de la conciencia. El paciente, rígido por las contracciones e inconsciente, suele caer al suelo; esta caída es la causa de muchos traumatismos. Luego se producirán las convulsiones, durante las cuales existe el riesgo de una incontinencia de orina o fecal, o ambas, así como el peligro de que se lesione la lengua al morderla. Superada la crisis, que no suele durar no más de uno o dos minutos, es frecuente que el paciente se sienta confuso y adormilado, por lo que tenderá a quedarse dormido. La contracción de los músculos suele ceder tras el ataque, aunque algunos individuos pueden acusar cierta rigidez durante un cierto tiempo. Aunque este mal es más frecuente en los hombres que en las mujeres, la incidencia de los ataques en éstas puede aumentar en los días anteriores a la menstruación; durante el embarazo, el número de crisis puede tanto aumentar como disminuir. Como el ataque de epilepsia es inevitable, quien se encuentre al lado del paciente debe procurar que éste no se lastime al caer, por lo que es aconsejable que lo acueste en el suelo, en el lugar donde se encuentre. Debe colocarse entre las mandíbulas un objeto que le impida morderse la lengua, como una cuchara de madera o un pañuelo doblado, pero es de suma importancia no forzar las mandíbulas, pues se podría causar lesiones adicionales graves; no debe olvidarse que la contractura de las mandíbulas es muy fuerte y, por lo tanto, ofrecen mucha resistencia a ser abiertas. Si no se tiene los conocimientos necesarios para hacerlo del modo correcto, es mejor no intentarlo. Cuando el ataque haya pasado, conviene poner al paciente de costado y aflojarle la ropa que le rodea el cuello para que pueda respirar con comodidad. Si se trata de un primer ataque, quien lo hay presenciado deberá relatárselo al médico con minuciosidad para que éste pueda llegar a un diagnóstico acertado. Si no es el primer ataque, también se debe informar al médico, pues acaso sea necesario cambiar el medicamento prescrito o modificar la dosis. Los afectados por ataques de epilepsia deben evitar los trabajos peligrosos, como la conducción. La epilepsia, por sí misma, no es ni causa ni efecto de retraso mental. PETIT MAL Los ataques del tipo de epilepsia denominada petit mal, que se registran en los niños y rara vez perduran pasada la pubertad, tienen como característica la pérdida de contacto con el exterior durante unos segundos. A modo de ejemplo, el paciente, que no se cae y tampoco sufre convulsiones o contracturas, puede estar hablando y detenerse unos pocos segundos, tras los que seguirá hablando con toda normalidad, sin apercibirse de su momentánea ausencia ni de haber sufrido trastorno alguno. Quien lo presencia no podrá sustraerlo de este estado, a diferencia de lo que ocurre con las ensoñaciones, de las que el afectado sí puede despertarse con estímulos externos. Debido a esta peculiaridad, corresponde a las personas de su entorno, ya sean los familiares o los maestros, notar esta ausencia corta y repentina. La consulta médica es indispensable, pues en estos casos el electroencefalograma suele ser anormal y orientativo. CONVULSIONES FOCALES Estas convulsiones, por lo general precedidas del aura que registran quienes sufren del grand mal, se limitan a ciertos músculos, debido a que no todo el cerebro registra anomalías en sus descargas bioeléctricas. Así, pueden verse afectadas por contracturas un brazo, una pierna o un lado de la cara, según el lugar del cerebro donde se produzca la descarga excesiva de las neuronas. Cuando esta actividad anormal se localiza en el lóbulo temporal, los síntomas más frecuentes suelen ser una gesticulación de tipo general, o sólo con los labios, un movimiento inusual con la lengua y unas sacudidas bruscas y repetidas con la cabeza. ESTADO EPILÉPTICO Reciben este nombre los ataques rápidos y sucesivos, con una notable y persistente retención de la respiración que puede lesionar el cerebro por la falta de oxígeno. Esta particular forma de epilepsia hace imprescindible el inmediato ingreso hospitalario del paciente para que sea atendido con urgencia y con los medios necesarios. |
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