ESTRUCTURA DEL ENDOCARDIO
El endocardio parietal está compuesto de las
siguientes capas:
1) endotelio,
2) capa subendotelial, delgada, de tejido conectivo laxo,
3) capa músculo-elástica y
4) capa subendocárdica, gruesa, de tejido conectivo laxo con fina red capilar.
En esta última cursan las ramas izquierdas del sistema éxcito-conductor.
El endocardio valvular se diferencia del
parietal fundamentalmente en dos caracteres:
1) la estratificación en cuatro capas se mantiene sólo en la cara de los velos
en que choca la corriente sanguínea, esto es, en la cara ventricular de los
velos semilunares y en la auricular de los atrioventriculares. En la cara
arterial de los velos semilunares y en la ventricular de los atrioventriculares,
el endocardio está compuesto sólo del endotelio y de la capa subendotelial;
2) la capa subendocárdica carece de vasos, salvo junto a los anillos de inserción.
El esqueleto mismo de los velos está hecho de una capa relativamente gruesa de
tejido fibroso denso, es la capa llamada fibrosa.
FRECUENCIA
Hasta hace algunas décadas la frecuencia de las
endocarditis en el material de autopsias era de cerca del 8% de los casos, es
decir, alrededor del doble de las miocarditis. Desde entonces la endocarditis
reumática se ha hecho mucho menos frecuente, la tromboendocarditis, en cambio,
se ha hecho más frecuente, y han aparecido formas nuevas, representadas por las
inflamaciones en las prótesis biológicas.
LOCALIZACIÓN
Según la ubicación, se distinguen la
endocarditis valvular o valvulitis y la endocarditis parietal o mural, ésta
mucho menos frecuente. La endocarditis valvular se desarrolla casi siempre en la
cara de los velos en que choca la corriente sanguínea.
PATOGENIA
En la génesis formal de las endocarditis el
papel principal lo desempeñan el endotelio y el tejido conectivo laxo. En
algunas formas de endocarditis la lesión endotelial representa morfológicamente
la lesión primaria, que posibilita la acción de los gérmenes en los tejidos más
profundos, la insudación de elementos hemáticos y la formación de trombos. En
otras formas se altera primariamente el tejido conectivo laxo, y como
consecuencia se producen las erosiones, las que pueden agravar el curso ulterior
de la endocarditis. A las primeras formas pertenecen las endocarditis
infecciosas; a las segundas, la endocarditis reumática.
CLASIFICACION
Clásicamente se distinguían en las
endocarditis las formas localmente bacterianas y las abacterianas. Dado que hoy
no son raras las endocarditis causadas por agentes vivos no bacterianos, se
prefiere hablar de formas infecciosas y no infecciosas, respectivamente. Debe
recalcarse que este principio de clasificación se refiere a las condiciones
locales del endocardio, y no a si la enfermedad fue desencadenada por agentes
vivos ubicados en otro sitio, como es el caso de la endocarditis reumática.
ENDOCARDITIS NO INFECCIOSAS
A éstas pertenecen la endocarditis reumática,
la endocarditis del lupus eritematoso y la tromboendocarditis.
Endocarditis reumática
La mayoría de las veces se presenta dentro
de una pancarditis, pero puede ocurrir sin miocarditis ni pericarditis.
Macroscópicamente se presenta como una endocarditis verrucosa. Estas
verrugas son pequeñas formaciones de 1 a 3 milímetros, rojizas, vítreas,
adherentes, que con mayor frecuencia se producen en el borde cierre de los
velos, a veces alineadas en forma de rosario. Con menor frecuencia se forman
en las cuerdas tendíneas y en endocardio parietal. En éste, un sitio de
predilección es la región auricular ubicada por encima del velo parietal
de la mitral. El compromiso de esta zona deja después una mancha
amarillenta conocida como mancha de MacCallum. Microscópicamente las
verrugas reumáticas están hechas, en la profundidad, de tejido conectivo
alterado, con degeneración fibrinoide, edema y proliferación de células
histiocitarias; hacia la superficie, hay una erosión del endotelio, y la
degeneración fibrinoide se continúa con un depósito de fibrina. Rara vez
predominan en la parte superficial las células histiocitarias,
ocasionalmente dispuestas en empalizada.
En la regresión del proceso se produce una
fibrosis de los velos y, generalmente, también de las cuerdas tendíneas.
La fibrosis ocurre con distorsión de la microarquitectura del velo y con
neoformación vascular. Así se producen retracción y engrosamiento de los
velos y cuerdas tendíneas, lo que condiciona una insuficiencia valvular. El
tejido conectivo alterado tiene tendencia a sufrir calcificación, que hace
rígidos los velos. Por otra parte, las erosiones endoteliales conducen a la
adherencia de velos entre sí, lo que condiciona una estenosis. El proceso
reumático suele ocurrir en brotes, con lo que se producen grandes
deformaciones de las válvulas.
Del total de casos con endocarditis reumática,
casi en un 100% está comprometida la mitral y en un 50%, la válvula aórtica.
El compromiso aislado de esta última se observa sólo en alrededor de un 3%
de los casos. En cerca de un 5% hay compromiso tricuspídeo con
insuficiencia valvular. El compromiso de la pulmonar es excepcional. En los
casos de compromiso aislado de la mitral predomina el sexo femenino, en
aquellos con compromiso mitro-aórtico, hay predominio del sexo masculino.
Endocarditis lúpica o de Libman-Sacks
Macroscópicamente corresponde a una
endocarditis verrucosa atípica. Las verrugas son irregulares en tamaño y
distribución, se producen no sólo en el borde de cierre, sino también
junto al anillo y en ambas caras de los velos. Con mayor frecuencia se
comprometen la mitral y tricúspide.
Endocarditis trombótica o tromboendocarditis
Se la conoce también como endocarditis
terminal o marántica. Macroscópicamente se la califica de endocarditis
verrucosa simple. Se trata de formaciones trombóticas rojizas, de tamaño
variable, laxamente adheridas en la superficie que mira a la corriente, por
lo común en la válvula aórtica o en la mitral.
La tromboendocarditis ocurre ante todo en
pacientes de edad avanzada con enfermedades consuntivas o a consecuencia de
un shock. Al parecer, estas formaciones trombóticas son un equivalente de
los microtrombos de la coagulopatía de consumo. Ellas se desprenden con
facilidad y suelen originar infartos, especialmente en el cerebro. La
predilección por las válvulas izquierdas parece deberse a la mayor
sobrecarga mecánica a la que están sometidas, con formación de pequeñas
erosiones endoteliales, que favorecen la trombosis.
ENDOCARDITIS INFECCIOSAS
Se producen preferentemente por bacterias, que
según el grado de virulencia, son capaces de lesionar válvulas sanas o sólo
las dañadas previamente. En especial la eficacia de la terapia antibiótica ha
hecho que la endocarditis aguda florida sea rara hoy en el material de autopsias
y que, en parte, haya sido reemplazada por formas frustras, con lesiones mixtas,
destructivas y productivas. Esto no significa que no puedan distinguirse básicamente
dos formas: la aguda y la subaguda.
Endocarditis infecciosa aguda
Esta forma, llamada también endocarditis
maligna o séptica, se produce por gérmenes de alta virulencia, por
estafilococo dorado o por estreptococos. Sin tratamiento tiene un curso
letal dentro de seis semanas bajo un cuadro séptico. Las lesiones consisten
principalmente de necrosis, insudación y trombosis, acompañadas de
abundantes gérmenes. Existen dos formas, una fulminante, la endocarditis
ulcerosa, en que predomina la necrosis, y otra menos violenta, la
endocarditis úlcero-trombótica, en que son más acentuadas la insudación
y la trombosis. En la primera, los velos comprometidos son friables y
muestran pérdida de tejidos en forma de ulceraciones o perforaciones. En la
segunda, las masas trombóticas con abundantes gérmenes y leucocitos,
asientan laxamente en la superficie erosionada de los velos, que muestran
abundante insudado leucocitario y no rara vez, focos necróticos. Las
formaciones trombóticas se producen en la superficie de los velos que mira
contra la corriente. No es raro que por extensión esté comprometido el
endocardio parietal.
La endocarditis infecciosa aguda puede
producirse en las válvulas derechas o en las izquierdas. La localización
en la tricúspide y pulmonar se veía antes en pioemias originadas en
endometritis por abortos sépticos o abscesos preferentemente amigdalianos
complicados con tromboflebitis. La endocarditis misma representaba una metástasis
séptica más dentro de la pioemia. Estos casos son hoy día raros. El
compromiso de las válvulas derechas se produce en la actualidad
preferentemente por inoculación, sea en pacientes que están con sondas que
se infectan, o en drogadictos. La localización en las válvulas izquierdas,
hoy más frecuente, y en la que de regla no se encuentra puerta de entrada,
posiblemente tiene como punto de partida una tromboendocarditis infectada
secundariamente, al parecer, en bacteremias que en otras condiciones no
tendrían mayor trascendencia. La tromboendocarditis cobra así importancia
también en la patogenia de estas formas infecciosas, en que las masas trombóticas,
al comienzo asépticas, favorecen la anidación y proliferación de los gérmenes.
Endocarditis infecciosa subaguda
Es producida por gérmenes relativamente
poco virulentos, en primer lugar, el Streptococcus viridans, y luego ,
algunas bacterias Gram negativas. Por esta razón se trata la mayoría de
las veces de válvulas previamente dañadas. Estas lesiones predisponentes
son principalmente: secuelas de una endocarditis reumática, válvula aórtica
biscúspide congénita y lesiones endocárdicas parietales por impacto del
chorro sanguíneo, preferentemente en defectos septales ventriculares e
insuficiencia aórtica.
La endocarditis infecciosa subaguda o
endocarditis lenta, tiene un curso arrastrado, la puerta de entrada casi
siempre pasa inadvertida. La endocarditis misma representa el foco principal
del proceso séptico. Macroscópicamente se trata de una endocarditis úlcero-poliposa,
en la que microscópicamente se encuentran fenómenos necróticos,
insudativos, trombóticos y productivos con desarrollo de tejido
granulatorio. De regla, pero no siempre, pueden demostrarse gérmenes
localmente, pero en cantidad mucho menor que en la forma aguda. Las
formaciones trombóticas poliposas son adherentes y pueden sufrir
calcificación, lo mismo que el tejido valvular alterado. La endocarditis
subaguda produce con frecuencia graves deformaciones de los velos.
En el resto de los órganos suelen
encontrarse infartos por embolías trombóticas, los cuales, a diferencia de
los producidos en la forma aguda, no son supurados, pero muestran un
componente inflamatorio. Al cuadro de la endocarditis infecciosa subaguda
pertenecen, además, la glomerulonefritis de Löhlein, los nódulos de Osler
debidos a una angeítis, y la miocarditis de Bracht y Wächter.
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